En un contexto de mercados maduros e hipercompetitivos, sobresalen las empresas que por su propuesta de valor y modelo de negocio generan experiencias positivas a sus clientes y consiguen crear “engagement” con ellos. Clientes que en base a esto establecen una relación sincera, real y apasionada con las marcas. Una relación que supera la lógica del cortex frontal de sus cerebros, ya que instalan esta relación en un espacio más íntimo, me refiero en su sistema límbico que es donde se alojan las emociones más elementales e irracionales.
En mi opinión, creo que no tardaremos mucho en ver en los balances financieros de las compañias el aspecto o variable “fan” de su cartera de clientes, ya que sin duda se trata de uno de los principales activos que pueden tener las empresas e influye directamente en su cuenta de resultados.
Para poder ver algunas de las diferencias que hay entre un cliente o un fan, os adjunto el siguiente vídeo donde se apunta a: un cliente hay que seducirlo, el fan viene solo. Un cliente te da dinero, el fan te da su corazón. El cliente busca el mejor precio, el fan la mejor experiencia. Los clientes se quejan, los fans perdonan. Los clientes critican, los fans hacen publicidad. Los clientes se van y vienen, los fans permanecen siempre a tu lado. Los fans no pueden comprarse, y los tienes que ganar con trabajo, pasión y experiencias.
¿Tienes fans o clientes?





